Pájaros sin Nido - María Elena Gómez Link

Explorar, 84 páginas, 2023.

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A través de las pistas que fueron dejando Alfonsina Storni e Idea Vilariño, María Elena Gómez Link cuenta la historia más vieja del mundo, aquella que vimos un millón de veces tanto en la literatura como en la televisión, la que nos advertía sobre los “peligros” de nuestro cuerpo, de nuestro goce, pero que también daba una pátina de romance rosa al hecho desafortunado: chica pobre se acuesta con muchacho heredero (en el mejor de los casos, cuando no, un señor entrado en años, ricachón y cascarrabias), queda embarazada. De ahí en más el género, cuando es masivo, se preocupa más en hacer que la historia termine “bien” después de múltiples peripecias, que en mostrar alguna clase de injusticia o abuso. En la vida real, el final (que tampoco lo es) nada tiene de feliz. La mujer embarazada tiene que seguir trabajando y a principios del siglo XX –momento en el que se ubican estos poemas– soportar el juzgamiento social: liviana, ligera de cascos, casquivana... Algunos eufemismos para la palabra que tantas veces recibimos como mote. En esta versión, la poesía y el arte vienen a abrir una posibilidad, una forma de existir con menos pesadumbre, una reescritura que volviendo sobre autoras fundamentales desea que Julieta no se mate por Romeo y que, aún desolada, la protagonista de estos poemas arremeta con su música. Como si pudiéramos volver en el pasado y mostrar que hay una ventana sin traba, una forma de escapar hacia donde están los árboles y dejar los supuestos nidos.

Karina Macció

*

I

Julieta:
¿Tan pronto te vas?
Aún tarda el día. Es el canto del Ruiseñor, no el de la Alondra, el que resuena.
Todas las noches se posa a cantar en aquel granado. Es el Ruiseñor, amado mío.
Romeo:
Es la Alondra que anuncia el alba (…)

William Shakespeare, Romeo y Julieta.

Los pájaros cantan
desesperados
al amanecer.

No es que estén angustiados
ni que sientan tus ojos
al despertar, caer.

Esperanza
de volver a ver cómo
alguna vez vimos.

Viajeros del tiempo
de un tiempo
eterno, bello, caótico.

Pero sin dejar de ser
esa medida lineal
que percibe nuestra mente
destellos de una realidad
inexistente quizás.

Sólo hecha verdad
por la presencia material
de tu cuerpo y el mío.

Una copa de leche
un té caliente
sobre un mantel celeste.

Un reloj que marca
nuestro estar
nuestro presente.

Un presente te llama
te espera, te anima
pero en él te encontrás ausente.

Ni la copa de leche
ni el té caliente pueden
devolverte
inocente, trémulo,
tu explotar en mi cuerpo.

Sabemos que no hay más allá
después de este despertar
pájaros cantando
en la ventana.

Cama desordenada
sábanas tiradas
la blancura de mi cuerpo
al descubierto
bajo tu mirada.

No hay mantel celeste
que opaque la culpa
instalada en tus ojos.

Te vas a ir
cuando llegue el tren
cuando pase la mañana.

Me vas a mirar despacio
tratando de retener
cada rasgo de mi cara.

En tu desierta distancia
sin que podamos
amordazarla de respuestas
para que puedas irte.

No bajes la cabeza
mirá el mantel
la copa de leche
el té caliente.

Escuchá los pájaros
entonando en la ventana…

No te vayas
dejando herida de muerte
a esta vagabunda de sueños rotos
noches de amor escondidas
bajo la mirada sigilosa
de las estrellas.

No te vayas…

Mirá
hay pan caliente
una mermelada
acompaña la mesa
frutas secas y un arlequín.

¡Sí! Un arlequín de fantasía
junto a tus pies
baila una sinfonía.

Para que no me dejes
para que no te vayas.

Entre nosotros dos
hay más mañanas para que se hagan
nido de alondras.

En el recelo de ver
tu futuro
junto al mío.

María Elena Gómez Link