Mosaico - Laura Ramírez

86 páginas, 2021.

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Un tatuaje, un corte de trenzas, una cicatriz, una manera especial de bailar, o sentir, o cantar, se vuelven formas de resistencia, ante un universo que insiste en amputar, cercenar y reproducir al infinito princesas, muñecas, mujeres dóciles. Un mosaico de naturaleza múltiple donde queda claro que para ser mujer hay que pagar un precio muy alto. La naturaleza, sin embargo, insiste en amparar esos cuerpos, escuchar en silencio esas historias con un erotismo cándido que recuerda los textos de la poeta uruguaya Marosa Di Giorgio.

Con este hermoso primer libro, Laura Ramírez se suma a un mosaico de voces feministas que anuncian que el tiempo de silencio terminó, que deciden encontrarse con la belleza y alejarse del horror para tejer desde ahí un nuevo canto, una nueva y única voz que ya no se apague nunca más. Y las reconocemos porque “en los ojos llevan la marca del fénix”.

Virginia Janza

Salir del vestido apretado, no quedarnos quietas, a cara lavada correr y saltar. Vislumbrada la tijera, robarla: cortarnos las trenzas. Y entonces “Una a una, las incipientes melenas vuelven a estar revueltas y enredadas”. Ellas-yo-ella. Todas y cada una. Revueltas. Los pronombres en femenino, sin nombres propios, se llenan con nosotras, con esas experiencias que nunca contamos, que no supimos decir, pero que están inscriptas en el cuerpo. Cuando leés este libro de Laura Ramírez, es como si tu mano acariciara una piel llena de accidentes invisibles, diminutos pero tangibles. Mosaicos –marcas– persistentes y suaves que, al tocarlos, tienen voz (vos).

Karina Macció

*

Las uñas afiladas y en punta alargaban sus dedos,
le daban un aspecto voraz. Ahora, se arrincona
mientras tiembla. Ya no la deja dormir el miedo
a las fieras. Desde su refugio, se lamenta por
los momentos en que ella también acechaba
presas indefensas. El pensamiento de otra vida
la entretiene. Sus labios apenas se estiran. Ya no
muestra los dientes, los recorre con la lengua
recordando cómo se sentía morder. Escucha un
ruido y despierta. Teme a las hormigas venenosas
y a las plantas rastreras que transitan esperando
enredarse en sus piernas. Su cuerpo entero la
traiciona en espasmos y ella se oculta cada vez más.

*

vuelvo
una
            y mil
                      veces
para calmar
la aspereza sin nombre
de que las palabras
simplemente
no alcanzan

el ritmo de querer
dar cuerpo
a este remolino interior
que me come
por dentro escucho
cómo pronunciás
eso que nunca pude decir
y me ahueco
para dejarme contener
hecha versos
tu voz
se hace arrullo en mí.

Laura Ramírez