Parterre de los deseos cumplidos - Eugenia Coiro

92 páginas, 2020.

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Leer a Eugenia Coiro es como llegar a la deseada media-sombra del jardín, cuando a la una del mediodía calcina un “sol despiadado”, que nos impide mirar(nos). En sus libros se puede entrever lo que no se distinguiría a plena luz. Su escritura es siempre ese “entrar ahí” donde querríamos permanecer cegados: lo imposible, las distancias, los fragmentos del fin. Ella se anima a “buscar (...) bucear adentro, bien profundo” como diría en Bengala Hotel. Pero hay que leerla con cuidado, pueden ir cayéndose algunas vendas.

En cada viaje-poemario Coiro suma riesgos. En éste se desplaza por un jardín íntimo e inquietante, lugar escondido para dos que son “uno / uno”, con esa barra que separa y une, divide y junta, tan crispada como “un cactus sin raíz / pero con sombra”. La sombra, metáfora que se desliza inasible en su variedad de significados para encarnar, al igual que los versos de Eugenia, la ambigüedad y el deseo. Presencia sutil que no nos deja a oscuras ni nos expone a la luz, pero es pura posibilidad de ambas; acompaña el estar y es figura de lo que acaba de irse: “Este es el horror: / es tu sombra lo que de mí se aleja”.

Sin embargo, la poeta tira y tira de este hilo de Ariadna que “se afina (...) se hace débil”. A lo largo de las cuatro partes del libro la sombra asoma, una y otra vez –implacable deseo de corte barthesiano– y traspasa los límites (los temidos límites recurrentes en la poesía de Eugenia: la fragmentación, el miedo, la soledad) en una búsqueda tenaz y de largo alcance: “Mirame más allá / del cuerpo / en la sombra”. Sed, espera, reflejo, aullido, palacio, la sombra insiste, esquiva muros y ya no (nos) abandona la pregunta: “estoy fuera de lugar / esperando a destiempo / un gesto / de / amor?”.

Alicia Saliva

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